Ningún ser humano nace pensando. El pensamiento es una construcción constante. Es una herramienta que nos ayuda a darle sentido a lo que vivimos, a entender y comprender el mundo.
La duda, el desconcierto y la curiosidad son motores que nos
impulsan a conocer, investigar y aprender. ¿Alguna vez te has preguntado cómo
hacen los magos sus trucos? Sabes que es un truco, pero aun así te intriga,
quieres descubrir el secreto. Esa falta de significado nos empuja a buscar
respuestas. De la misma manera, muchos niños en la escuela y en su vida diaria
enfrentan situaciones que despiertan esa necesidad de entender.
Es en ese momento cuando el ser humano piensa. El pensamiento surge cuando algo nos desconcierta y tratamos de resolverlo, adquiriendo conocimientos y buscando soluciones.
Después del pensamiento viene la comprensión: el proceso que convierte lo desconocido en conocido. Gracias a esto, sabemos cómo actuar, reaccionar y resolver. Este proceso mental ocurre mediante conexiones: relacionamos ideas, comparamos, hasta que la situación se vuelve familiar.
Pensar y comprender son esenciales porque multiplican nuestros conocimientos. Y aquí entendemos algo clave: aprender es construir.
Los niños y niñas no solo memorizan; integran lo nuevo con lo que ya saben, con
sus experiencias previas. Así, el nuevo conocimiento se enlaza con una red de
conceptos, creando relaciones y conexiones que fortalecen lo aprendido.
Pensar es el primer paso para crear.
¿Cómo ayudamos a los niños a pensar mejor?
Cualquier momento puede ser una oportunidad para reflexionar con ellos. No
dejes pasar esas ocasiones en las que los niños se muestran curiosos, hacen
preguntas, tienen dudas o se sorprenden. Aprovecha esos instantes para
escucharlos, motivarlos a investigar y acompañarlos en el desarrollo de su
capacidad de pensar.
Las habilidades básicas para aprender a pensar en la etapa
preescolar son: escuchar, hablar, leer, escribir y jugar. Y aquí es donde
debemos retomar la esencia del preescolar: el juego.
¿Cuál es mi papel como docente al usar el juego como estrategia de aprendizaje?
- Permita acción y participación activa, donde el niño sea protagonista de su aprendizaje.
- Fomente autonomía y confianza, reconociendo que son capaces y dueños de sus experiencias.
- Impulse la creatividad y la resolución de problemas, convirtiendo cada reto en una oportunidad para crecer.
- Lenguaje y comunicación: al hablar, escuchar y negociar roles.
- Pensamiento lógico y matemático: al clasificar, contar, ordenar y resolver problemas.
- Habilidades socioemocionales: al compartir, esperar turnos y expresar emociones.
- Motricidad fina y gruesa: al manipular objetos, correr, saltar y construir.
El juego no es solo diversión: es el lenguaje natural de la infancia, la puerta hacia el aprendizaje y el desarrollo integral. Cuando un niño juega, no está “perdiendo el tiempo”; está construyendo conocimiento, desarrollando habilidades y descubriendo el mundo que lo rodea.
¿Por qué es tan importante el juego en los primeros años?
Jugando, los niños desarrollan competencias y habilidades clave para su desarrollo cognitivo.
Cuando un niño decide jugar, no piensa: “Voy a aprender algo”, pero su juego crea experiencias poderosas que impactan todas las áreas de desarrollo, cognitiva, social, emocional y física. El juego es el laboratorio donde los niños experimentan, se equivocan, aprenden y se superan.
¿Estás lista para retomar el juego como estrategia base en preescolar?
Referencias:
"Jugar a pensar," Irene de Piug y Angélica Sátiro. SEP
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